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Dalia en mi ventana
El agua de febrero en este valle
fija la suntuosa carne de la dalia
precipitada hacia la reja de mi ventana.
Pero la mente, bloqueada como este cuarto cerrado,
simplifica y decide, holgazana y platónica
que es la misma volviendo año tras año.
Mi mano, sin embargo,
mojada por el púrpura estallido
y en total conocimiento de la pérdida
sabe que este volumen no se repetirá.
A fines de marzo cesará la lluvia
y esta dalia, única y muerta,
habrá delatado la contradicción de la naturaleza,
el recurrente naufragio de la vida individual.
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